El Benito Bowl

El artista puertorriqueño Bad Bunny, tras cancelar sus giras en Estados Unidos en medio del clima político marcado por las deportaciones, terminó siendo elegido para el Halftime Show del Super Bowl LX.

Money talks y Bunny canta.

El Conejo Malo estaba ahí,
en el evento más estadounidense posible.

Bad Bunny cantó en español frente al espectáculo televisivo más grande del país, llevando a Puerto Rico al centro de la narrativa cultural estadounidense. Mucho antes del show ya existía polémica por sus letras y posturas políticas; sin embargo, la actuación evitó las groserías y el panfleto, eligiendo la identidad y la presencia. Y la suya fue la más contundente de las declaraciones.

Pero yo no estaba en Santa Clara ni en Miami.
Yo estaba en el Upper West Side de Nueva York.

No hay ciudad más boricua fuera de Puerto Rico que Nueva York.
Muchas culturas podrían decir lo mismo aquí,
pero pocas veces la ciudad se sintió tan puertorriqueña como anoche.

Fui al bar de siempre.
La esquina habitual de vecinos y estudiantes de Columbia.

Había tragos alegóricos, no al juego ni a los equipos, sino al Conejo Malo:

Bad Apple
Benito con Dulce

Un menú entero dedicado a Benito.

En días de juego el lugar siempre es caótico.
En el Super Bowl, peor.

Pero por encima del ruido del partido, el halftime fue otra cosa:
un arrebato colectivo,
un fetecón boricua.

Porque para divertirse
solo necesitas la música correcta
y unos cuantos boricuas a tu lado
para sentir cómo Nueva York se transforma de repente en

Nueva Yol

Si te quieres divertir
Con encanto y con primor
(¿pero qué es esto?)
Solo tienes que vivir
(¿y este frío?)
Un verano en Nueva York
(un ratito na’ má’)

Estudiantes de Columbia que no saben dónde queda Bayamón cantando fonéticamente.

El bar entero cantaba como si estuviera Washington Heights y el Bronx al mismo tiempo.
El inglés y el español dejaron de alternarse:
se fundieron.

Ey, ey, ey, 4 de julio, 4th de July
Ando con mi primo borracho, rulay
Los mío’ en El Bronx saben la que hay
Con la nota en high, por Washington Heights…

Nueva York no imita culturas:
las absorbe
y después te las devuelve amplificadas.

Durante quince minutos el “Upper Best Side” dejó de ser académico
y se volvió barrio.

No era representación latina,
era convivencia.

Eso fue lo extraordinario:
no la representación boricua,
sino la naturalidad de existir en el centro del espectáculo nacional sin traducción.

Cuando salí del bar tropecé con montañas de nieve acumuladas por semanas.
El invierno más crudo de los últimos años seguía allí.

Pero por un rato, exactamente quince minutos televisivos,
Nueva York había sido Borinquen.

Y nadie pidió subtítulos.

Foto: Henry Ballate, De la serie NYC Instants.


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