Boris Rozas, VI Premio Internacional de Poesía Juan Ramón Jiménez de Coral Gables 2025
En un mundo saturado de ruidos, hay libros que logran ser escuchados en su más pura resonancia. Wes Borland aprende a tocar de oído de Boris Rozas es uno de esos raros artefactos literarios que no solo se leen, sino que se sienten como una melodía que, a través de la poesía, toca las fibras más profundas del ser. Ganador del VI Premio Internacional de Poesía Juan Ramón Jiménez de Coral Gables 2025, este poemario ya está disponible en Amazon y promete ser una de las revelaciones poéticas del año.
Un libro que suena
Desde su título, Wes Borland aprende a tocar de oído, el libro establece una relación íntima con la música y con la metáfora del aprendizaje a través de la escucha. No se trata de una escritura improvisada, sino de una poética que toma esa imagen, aprender sin partitura, como símbolo de la experiencia humana frente al mundo. Boris Rozas construye cada poema con una conciencia rigurosa del ritmo y la imagen, como si organizara las piezas de un álbum donde cada pista dialoga con la siguiente. Así, el libro no avanza como una narración lineal, sino como un conjunto de resonancias que se entrelazan hasta formar una sola experiencia: la del desarraigo, la memoria y la búsqueda del ser en medio del ruido del mundo.
La primera sección, “Detrás de nosotros todo está gris”, nos introduce en un paisaje emocional marcado por el desgaste del tiempo y de los afectos. Es el canto de un ser que se enfrenta a la erosión de lo que fue, pero lo hace con una extraña mezcla de lucidez y ternura. Como un eco lejano, los versos parecen salir de un lugar donde el cansancio no es solo físico, sino también emocional. En “mientras habitamos esta llaga errante / contenida con rabia / detrás de las cortinas”, Rozas nos invita a una mirada a la vida cotidiana que no teme mostrar sus cicatrices, abrazando tanto la melancolía como la resiliencia.
Tres movimientos poéticos, tres momentos de aprendizaje
El poemario está estructurado en tres movimientos que son, de alguna manera, tres fases de un mismo proceso: el despertar, el desplazamiento y la vuelta al cuerpo. En “Paralaje”, Rozas cambia la perspectiva y comienza a hablar desde los márgenes. “Provengo del sauce negro de los estados centrales”, escribe, evocando un origen que va más allá de la geografía: es la sombra, la periferia, la mutabilidad de una identidad en constante construcción.
Finalmente, en “Auge y amparo de las bestias”, el tono se vuelve casi doméstico, pero igualmente poético. Es el regreso a un refugio compartido, un espacio entre lo humano y lo animal, entre la palabra y el silencio. Aquí, el poeta no busca la redención, sino una aceptación profunda de lo que está. La vida y la muerte se entrelazan, y el tiempo sigue avanzando, como un río incesante en el que se encuentran las memorias y las pérdidas.
La música y la palabra: una simbiosis esencial
Lo que hace único a este libro es la manera en que Rozas fusiona la música con la poesía. A lo largo de las páginas, las referencias musicales son constantes, pero no como simples citas, sino como presencias que habitan la voz del poema. Desde las canciones de Janis Joplin hasta el eco de Wallace Stevens y Alejandra Pizarnik, el libro se convierte en un tributo a esos fantasmas musicales y literarios que, aunque ausentes, son fundamentales para la construcción de la voz poética.
Es en este cruce de influencias, en esta constelación de presencias, donde el poema toma su verdadera forma. Boris Rozas nos ofrece un lenguaje que se siente táctil, casi físico: “Recoge tus pedazos / por el suelo.” Las palabras parecen talladas en piedra, pero, a la vez, se transforman en materia flexible, que se adapta al ritmo de la emoción y la memoria.
El poeta como constructor de significados
En muchos de los textos, Rozas reflexiona sobre el oficio del poeta, el trabajo paciente de recomponer el lenguaje para darle forma a lo que no tiene palabras. “Es hora de hacer poesía / como hacen el amor los extranjeros, / con crudeza y gestos oscuros de museo”. Esta afirmación, que podría parecer cruda, captura perfectamente la esencia de la poética del libro: una poesía que no busca la comodidad, sino la verdad a través del extrañamiento.

Un epílogo de escucha y resistencia
En el epílogo de la obra, Rozas ofrece una conclusión que resuena más allá de la última página: “La lluvia, que es el miedo a desandar lo andado, / nos merodea en silencio / cuando ya no estamos.” Es una reflexión sobre el tiempo, sobre la memoria y sobre cómo la poesía, como la vida misma, es un proceso continuo de aprendizaje, de escucha. No importa cuántas veces se caiga, lo importante es seguir aprendiendo a oír, a sentir, a vivir en el constante vaivén del aprendizaje.
Wes Borland aprende a tocar de oído es, en definitiva, un libro que no solo se lee, sino que se escucha. Es una experiencia sensorial que invita a estar presentes, a abrir los sentidos y aprender, sin garantías, a encontrar la melodía en medio del caos. Un acto de resistencia, una manifestación de la resistencia del alma a ser reducida al silencio.
Ya disponible en Amazon, Wes Borland aprende a tocar de oído es una joya literaria que merece ser escuchada y leída en voz alta, para no dejar que su eco se pierda en el olvido.
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