Ciro Quintana / Una fecunda trayectoria

by Aldo Menéndez

Pintura como politica de la memoria: Ciro Quintana / Una fecunda trayectoria

by Aldo Menéndez

Ciro Quintana Chronicles of a Cuban Art 201073

Ciro Quintana, Chronicles of a Cuban Art, 2017, mixed media, 84 x 270 .”

Comenzaré siendo un poco testimonial, porque de este artista puedo contarles que lo vi surgir, y vengo caminando a su lado -casi en paralelo- desde hace 30 años, a partir de una relación profesional y de amistad, que se extendió incluso, después que ambos abandonamos nuestra tierra, para acabar instalándonos en Miami. Comenzaré pues, colocándolo en su contexto original, refiriéndome a él como a un pintor nacido en La Habana, Cuba, en 1964; quien a lo largo de la década de los 80’s desarrolla una meteórica carrera artística, en medio de los grandes cambios de esa época, sin ir mas lejos La “Perestroika de Fidel”, o Proceso de Rectificación de Errores, al que el pueblo sarcásticamente llamó “Proceso de Ratificación de Horrores”, que desencadenó entre los jóvenes plásticos conductas disidentes y contestatarias.

Todavía estudiante del Instituto Superior de Arte (ISA) , forma parte en 1985 del conocido grupo Puré, que reúne un activo colectivo preocupado por ensanchar el horizonte de la crítica artística, através de lo que yo definía recientemente en un libro , como: “…el influjo en Cuba de Borofs’ky, Clemente, la transvanguardia italiana en general y las instalaciones de Mac Connel, Haring, Thek y otros. De suerte que Puré osciló entre lo malo (bad painting) y lo popular de mal gusto, entre lo trivial y la parodia, junto a lo que mas tarde se conoce como pintura de patrón decorativo, un arte enfocado en transformar el gusto, aunque no la conciencia”. Localmente los planteamientos de Puré se asumen a modo de sacudida a prejuicios y a argumentos anquilosados, siendo juzgados cual artistas consagrados, cuando se trataba de desconocidos valores emergentes, en especial, al presentar Puré en 1986, su primera y más importante muestra, cuyas peculiares concepciones neodadas y kitsch, al igual que sus irreverencias, la convierten en un controvertido referente de la etapa.

Ciro Quintana, El naugragio de Wonderland, 2007, oil on linen, 71 x 88.5 in

Ciro Quintana, El naugragio de Wonderland, 2007, oil on linen, 71 x 88.”

Puré, compuesto de cinco individualidades muy fuertes ,   se disuelve enseguida en1987, y a partir de aquí en menos de tres años con igual rapidez, cada miembro emprende por separado su recorrido. Ciro en particular avanza provisto de nuevas propuestas, reenfocando su universo personal, dando a conocer fuera de la isla su mitología individual, en el marco de una exposición que figura dentro del selecto número de acontecimientos que cierran la década, me refiero a Kuba OK de 1990, en Düsseldorf. Para entonces con apenas 27 años la obra de Ciro entra a formar parte de la colección del famoso mecenas del arte internacional, Peter Ludwig.

Su envío a Kuba OK, posee las principales peculiaridades que componen su forma de hacer y de plantear la obra durante un primer periodo marcado por el Pop y el Instalacionismo. Desde su despegue va a estar dispuesto a adueñarse de elementos de la propia Historia del arte,  quedando sujeto al mundo de múltiples licencias de las actuales artes visuales, donde han dejado de existir cualquier tipo de barreras, viendo reflejarse en sus transparentes vidrieras –igual a las del tango Cambalache- contenidos y maneras de hacer, inherentes al cómic y al diseño gráfico, y otras que en adelante lo seducirán, como el neoclasicismo adjunto al posmodernismo.

Sin contar que desde los días de Puré, Ciro arrastra una enriquecedora y obsesionante propensión al barroquismo, unida a su fetichismo por la imagen y los signos, con los que realiza -sin avergonzarse de las mezclas-, verdaderos aquelarres. Para él, la mixtura se convierte en coartada que lo justifica todo, aprovechándose hasta de tratamientos estilísticos de aspectos inconciliables, o reuniendo con desenfado absoluto componentes del arte culto, con los de la cultura fútil y la propaganda seriada. En este sentido un conocido crítico de arte cubano escribe que se trata de: “…una especie de parloteo visual que se recrea en la monotonía de su propia cháchara” .

Todo lo anterior permanecerá en su obra en menor o mayor medida, pero a partir de su primera exposición en Estados Unidos en 1993,  se consolidan variaciones sustanciales que indican la inminencia de un segundo periodo: el aquelarre de imágenes en algunos casos se atenúa hasta componer escenas bastante precisas, con un mensaje supuestamente más concreto. Aquí entran a jugar un papel figuras de cuerpo entero, solas o en coros, dominando primeros planos y centro, que al evolucionar del cómic al neoclasicismo, adoptan la apoteosis del héroe, un mayor ascetismo, frialdad hierática, “aires prerrafaelistas”, y la fragancia demodé de imperios políticos que se derrumban. La utopia socialista en bancarrota genera un neoclasicismo menos rígido y estricto, lo que se asemejaría a una fusión entre el arte Perestroiko de Komar Melamid y la obra clasicista de Bruno D’arcevia. Es como la Meredith Frampton con reviviscencias del realismo socialista y la sociedad que lo genera, o al revés, Deineka convertido en tránsfuga, coqueteando con el neosimbolismo de David Ligare.

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Ciro Quintana, Staging of the Last Farewell to Cuban Art, 2013, oil on linen, 68” x 96.”

La primera condición abordada: el mestizaje, lo bebió Ciro de una de sus mas genuinas fuentes, porque nadie discute ya que Cuba es una potencia en materia de combinaciones, que desde el descubrimiento de la isla, hasta hoy, pasando por Carpentier y nuestra coctelería, mantiene en ebullición la idea del crisol de civilizaciones y el cruce de razas del que provenimos, refundición humana, de ritmos, y sabores (ajiaco, arroz con mango y la gran caldosa comunitaria). Por tanto nadie duda de nuestra capitalidad en cuanto a pluralidad barroca y calidoscopio icónico. A su alcance quedan el desafuero y el absurdo, cosas que también se dan la mano en la metrópoli cubana, tierra de Pachanga y relajo desbordante sin nada que lo rija, de placer hasta la extenuación, de desacotejo, de constante fingimiento, de comparsa y mascaritas, del artificio y el espectáculo permanente (la escandalera y el hábito de dilucidar los problemas íntimos en la vía pública).

Toda farsa está abierta a tomar de aquí y de allá lo que se quiera, y en ese mismo paquete de apropiaciones, Ciro se hace con una carga sustancial de teatralidad. Actitudes que  refleja y que persistirán en su pintura escenificadas con el mismo grado de embalsamamiento ceremonial de los dioramas de un museo convertidos en cruce entre figuras de yeso policromadas y papel de pared. Pero en el proceso de inserción de Ciro en nuevas culturas -al viajar por el mundo-, el show y la lluvia de contenidos ahora son pensados y vueltos a pensar de un cuadro a otro, en función de exaltar determinada percepción didáctica, ajustada al tema Cuba u otros que introducen ciertos añejos problemas filosóficos; un clima trascendente creado por Ciro con visiones lights. Al reconocimiento pleno de fragmentos de su imaginería, agrega la viable identificación de personajes (Cristo, Julio Cesar, la Patria con gorro frigio, Caballo Loco, Eva y la serpiente, San Jorge sin dragón, Hércules contra el Centauro y las Vargas Girls) conceptualización básica que se puede observar en sus formas emblemáticas de hoy. Ciro se ha formado en un ambiente donde se comprende que la capacidad de aproximación y copia, jamás debe hacer sentir culpable a nadie por delirante que esta sea, probando por el contrario que suelen agregar libertades, enriqueciendo las mixturas posibles sin menoscabo del estilo personal; noción asimilada desde el modernismo. Un gran realista como Eduard Hopper había dicho: “Todo artista verdadero posee un núcleo completamente original…” La reorientación de la obra de Ciro está clara desde la segunda mitad de los 90’s, cuando su ruta deja de señalar únicamente la estética angloamericana. En 1997 Ciro manifiesta en el tabloide cultural, Éxito, de Miami, que su pintura: “…tiene que ver [también] con la estética europea”. En ese instante el artista estaba próximo a emprender un viaje a Francia ; el propio articulista Jesús Vega, relaciona acertadamente la juventud de Ciro con la juventud eterna del neoclásico.

Mientras mayo del 2017 se acerca, Ciro  a sus 53 años es un artista maduro que pronto adquirirá jerarquía de maestro, desde que lo conozco me resulta un individuo de carácter pausado, buena persona, aunque de naturaleza un tanto socarrona, lo cual para nada es peyorativo, porque abundan las acepciones de este término que se necesitan tener, para calificar a la hora de asimilar el neobarroco o el espontáneo surrealismo criollo –no es que sean imprescindibles-, creo que eso depende de la posición que adopta cada persona; por ejemplo Carpentier puede prescindir de ellas y acabar retirándose a repensar y reelaborar nuestra realidad, intelectualmente, desde un  gabinete en Paris, mientra Ciro vive y crea su obra sumergido en esa realidad -Miami es una extensión de ella.

Socarrón significa igualmente burlón, astuto y solapado –si encuentran otros significados inconvenientes, fuera de los mencionados, quedan completamente apartados de esta mini foto psicológica del pintor-, en fin, Ciro es burlón, lo que quiere decir en buen cubano, jodedor y gozador, rasgos que facilitan su conversión en un realista de lo ilusorio. Porque como dijo Georgia O’keeffe: “…nada es menos real que el realismo”.

Se diría que elabora collage tradicional, pero en verdad aunque se le parezca , Ciro a estas alturas difícilmente se arme del artesanal recorte y el pega pega, para resolver una de sus grandes telas. En este sentido su fórmula se basa en editar arte y publicidad como montaje (ensamblando), lo que de hecho es acople de pastiches. Para delimitarlo con exactitud, vale recurrir además a la condición de hacedor de palimpsestos. Él no solo precisa  reforzar el realismo uniendo imágenes tomadas de anteriores estilos del arte, en su finalidad cabe de la misma manera robustecer lo ilusorio de las fisonomías representadas, apariencias que logran sugerir un montón de cosas al espectador, despertar múltiples sensaciones o provocar diversas lecturas a la vez.

Sin embargo, en su obra subyace una revisión de lo histórico, de factores históricos y sociopolíticos que aun lo golpean (Retrotopía de Bauman) señalemos la inclinación natural de los “neo” hacia el historicismo. Por aquello de tomar la antigüedad una vez mas como modelo, toda esa exhuberancia mencionada retrata a un ente lúdico, que gustosamente se rodea de determinada ornamentación alegórica, inspirándose en la perspectiva ruptural Rococó que alcanzan los frescos en techos y cúpulas del siglo XVIII, bailando ahora al son de composiciones geométricas modernas.

Es oportuno recordar que la crítica al pasado y el arranque de la modernidad giran en torno al año 1750, centro del que irradia el Barroco y la Ilustración aun cuando el ciclo de las revoluciones sea mas amplio. Claro que al aproximarse a ellos desde el presente cualquiera se equivoca, pero Ciro se arriesga, y es que el resultado puede estar dado desde un enfoque regresivo –algo que ocurrió antes con la esencia del hiperrealismo. Existen reacciones y cambios de sintaxis en el protomanierismo frente al modelo clásico y en el neoclasicismo vigente, aunque a veces, este último, tienda a ser preservador, lo que ocurre cuando puede más el amor por el arquetipo, que su rebelde reinterpretación.

Donde Ciro sí que regresa a las viejas prácticas del collage tradicional es en una serie que acompaña las grandes telas de esta exposición, me refiero a un grupo de obras en papel, de formato pliego, en las que recupera las propuestas mas Pop y Kitsch que hizo a finales de los años 80’s, estas de ahora, con una visión el doble de vibrante y  resplandeciente, lo mismo que un diestro revoloteo que inmortaliza los trabajos manuales infantiles y los muralitos escolares, con muchas  imágenes caladas y recortadas sobre cartulinas doradas y plateadas. Un ámbito con reminiscencias a “cuquitas” y a simultaneidad de deberes cotidianos que no se deben olvidar, recordatorios y convocatorias que se anotan formando una escarcha de palabras y frases.

Quizás también sea entrar a rescatar la alocada y pasional cháchara de los niños de antaño que alrededor de la mesa fabricaron adornos para infinidad de fiestas. Detrás de ese parloteo imaginario y mover de manitas con tijeras, se advierte la añoranza por una humanidad cuyas habilidades laborales se vuelven irrelevantes porque las máquinas y los productos industriales, aportan una fabricación “superior a nuestro trabajo”, a costos más módicos. Cabría decir que el artista ya no clama por obtener una sociedad mejor –esa expectativa va muriendo, como afirma Marina Garcés:

“… sino por mejorar la propia posición individual dentro de una sociedad tan esencial y definitivamente incorregible”. Divertimentos creadores –donde yo percibo el amargor por tener que explicar el fin del ciclo de las revoluciones y sus disímiles fracasos.

Ciro Quintana, El artista Cubano, 2017,oil on linen, 38 x 38 in

Ciro Quintana, El Artista Cubano 2017, Mixed media, 38 x 38.”

En el realismo americano encontramos: “…ideas tradicionales y herencias artísticas –como plantea Edward Lucie Smith- muy deliberadamente reconstruidas por el arte avanzado”. La factura virtuosa, los acabados conspicuos (egregios), la terminación premodernista y las figuras semejando esculturas, al igual que lo lamido, pulido y “tieso” de la ilustración, le han servido para expresarse de ese modo a elementos de la vanguardia americana e italiana (estoy pensando en Jack Beal, Phillip Pearlstein y en Bruno Civitico); componentes que Ciro, a su modo, ha sabido contrapesar. Él es el observador que tras el final de las revoluciones y el pensamiento utópico, aplica su gran angular para reunir esos fantasmas a la deriva.

En él esta inclinación por los imitativos volúmenes escultóricos, los acabados del ilustrador de libros y de los dibujantes de historietas, intentan equiparar su clasicismo al naturalismo –él se vale de lo fotomecánico, pero inteligentemente se aleja de las terminaciones demasiado fotográficas-, remedando estilos personales y de época mucho mas sueltos, mediante el acople de láminas de arte, estableciendo un reino de imágenes retroactivas. En sus pinturas-tapices de estridentes colores, es innegable que Ciro vuelca  una narrativa que niega la prosa y ofrece a cambio parábolas a raudales, ametrallamientos con metáforas y acumulaciones exhibicionistas –tributo al horror vacui-, colisiones de citas impulsando un discurso donde la nostalgia ideológica, que pretende aleccionar moralmente, es la escusa perfecta de Ciro para hacer pintura.

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Categories: Visual Art

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